Nº 15: CÁNCER DEL CUELLO DEL ÚTERO
Cáncer del cuello del útero
El cáncer
El cáncer es un grupo de enfermedades, pero todas las formas de cáncer resultan del crecimiento y diseminación incontrolados de células anormales. En condiciones normales las células crecen, se dividen y mueren de forma ordenada, primero, durante la niñez y la juventud, para el desarrollo corporal y luego, durante la edad adulta, para reemplazar las células desgastadas o muertas y para reparar las lesiones.
Las células cancerosas crecen y se dividen en el lugar donde se producen, pero pueden también propagar a través de la sangre o el sistema linfático a otros órganos y tejidos.
Es importante recordar que no todos los tumores son cancerosos o malignos. Los tumores benignos (no cancerosos) no se propagan (no producen metástasis) y no suelen suponen un riesgo.
Cáncer del cuello del útero
En el útero se pueden diferenciar dos zonas, el cuerpo o parte superior -que es donde se desarrolla el feto- y el cuello o parte inferior -también llamado cérvix- que conecta el cuerpo con la vagina.
El cáncer del cuello del útero se origina en la cubierta externa de la cérvix, y sigue un proceso de desarrollo progresivo que puede durar varios años. Inicialmente algunas células comienzan a cambiar de forma y estructura
convirtiéndose en precancerosas. Si el proceso continúa esas células pueden llegar a convertirse en cancerosas. En algunas mujeres los cambios precancerosos pueden desaparecer sin tratamiento alguno, pero lo más seguro cuando se descubren células anormales es tratarlas para impedir que evolucionen de forma maligna. Es por ello que las pruebas periódicas son tan importantes.
Existen dos tipos principales de cáncer del cuello del útero: carcinoma de células escamosas, que supone entre el 85% y el 90% de todos los casos, y adenocarcinoma, entre el 10% y 15%. El carcinoma mixto o adenoescamoso presenta características de ambos tipos.
Factores de riesgo
El cáncer del cuello uterino, como todos los tipos de cáncer, se produce por una combinación de circunstancias más o menos conocidas, y ciertos factores aumentan el riesgo de padecerlo. La infección por virus del papiloma humano es el factor de riesgo más importante para el cáncer del cuello uterino. Este virus puede transmitirse de una persona a otra durante las relaciones sexuales sin protección y el riesgo de contraer el virus aumenta con el número de compañeros sexuales.
Fumar es otro factor de riesgo para el cáncer del cuello uterino. El humo del tabaco contiene sustancias químicas que pueden alterar las células de la cérvix y estimular la aparición de células anormales. Las mujeres que fuman tienen el doble de riesgo de contraer este tipo de cáncer en comparación con las que no fuman.
La dieta podría suponer también un factor de riesgo importante. El consumo abundante de frutas y alimentos de origen vegetal es un factor protector en muchos tipos de cáncer, y podría serlo también en el caso del cáncer del cuello uterino.
Otro factor de riesgo relacionado con este tipo de cáncer es la edad. El riesgo es muy bajo antes de los quince años, pero a diferencia con otros tipos de cáncer que raramente se ven en mujeres jóvenes, el cáncer del cuello uterino puede afectar a adolescentes.
Prevención
La mayoría de los casos de cáncer del cuello uterino pueden prevenirse. Las mujeres de todas las edades pueden disminuir sus riesgos de contraer el virus del papiloma humano limitando el número de compañeros sexuales y evitando tener relaciones con hombres que hayan tenido muchas compañeras sexuales. El virus no siempre produce síntomas evidentes en los órganos sexuales masculinos y es difícil saber a simple vista si un hombre padece la infección.
También es importante que las mujeres fumadoras dejen el tabaco cuanto antes.
Otra forma de prevenir el cáncer del cuello uterino es haciéndose regularmente la prueba de Papanicolaou, que detecta la presencia del virus del papiloma humano y los cambios celulares. El tratamiento temprano elimina casi completamente el riesgo de desarrollar cáncer maligno.
Todas las mujeres deben hacerse una prueba Papanicolaou anualmente a partir de los 18 años, o antes si comienzan a tener relaciones sexuales. Según los resultados de las pruebas, el especialista puede recomendar otro tipo de pauta. También las mujeres a las que se les ha extirpado el útero y las que ya están en la menopausia necesitan hacerse la prueba de Papanicolaou de forma regular.
Síntomas
Las lesiones precancerosas o los cánceres en etapa inicial no suelen producir signos ni síntomas y es por eso que es tan importante que las mujeres se hagan la prueba Papanicolaou regularmente. Los síntomas aparecen la mayoría de las veces cuando el cáncer ya ha progresado. Consulte inmediatamente con su médico si observa:
- cualquier flujo por la vagina que no sea normal, como manchas de sangre o ligera hemorragia fuera del período normal de menstruación
- hemorragia vaginal o dolor durante las relaciones sexuales
Diagnóstico
Si los resultados de la prueba de Papanicolaou son sospechosos lo indicado es realizar otras pruebas diagnósticas como:
- Colposcopia: Es la exploración de la cérvix a través de un instrumento llamado colposcopio. Esta prueba no es dolorosa ni produce efectos secundarios, y también puede hacerse en mujeres embarazadas.
- Biopsia: Es la extracción de una muestra de tejido para analizar en el laboratorio. Esta es la única forma de confirmar con seguridad el diagnóstico. A veces la propia biopsia recomendarse para tratar un pre-cáncer o un cáncer en su etapa inicial.
- Cistoscopia: Se realiza para examinar la vejiga de la orina cuando hay sospecha de que el cáncer se ha propagado a ese órgano.
- Proctoscopia: Es el examen del recto por la misma razón anterior.
- Examen pélvico: Se realiza bajo anestesia como una prueba adicional para evaluar la extensión del tumor.
- Radiografía del tórax: se realiza para observar si existen metástasis en los pulmones.
- Otros exámenes por imágenes, como la tomografía axial computarizada (TAC), se realizan a veces para ver si el cáncer se ha propagado a otras áreas.
Clasificación
Según el grado de evolución y propagación, el cáncer del cuello uterino se clasifica en cuatro etapas. La clasificación es importante porque tanto el tratamiento como el pronóstico dependen de la etapa en la que se encuentra el cáncer.
El sistema que más se emplea para clasificar el cáncer del cuello uterino es el sistema FIGO (siglas en inglés de la Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras), que utiliza números romanos del 0 al IV. El estadío de mejor pronóstico corresponde con la etapa 0, mientras que el más grave corresponde con la IV.
Tratamiento
Los tres tipos más frecuentes de tratamiento contra el cáncer del cuello uterino son cirugía, radiación y quimioterapia.
Cirugía. Se practican varios tipos de cirugía dependiendo del grado de evolución. La extirpación del útero o histerectomía es generalmente el tratamiento de elección en caso de cáncer confirmado por biopsia. Si el cáncer se ha propagado puede ser necesaria la extirpación de otros órganos como el colon o el recto.
- Cirugía con láser. Se utiliza como tratamiento en casos de cáncer preinvasivo, para quemar las células o para extraer una muestra pequeña de tejido y analizarlo.
- Biopsia cónica. Consiste en la extracción de una muestra de tejido en forma de cono.
- Histerectomía simple. Se extirpa el útero, pero no los tejidos próximos al útero. Después de la extirpación del útero la mujer no puede quedar embarazada.
- Histerectomía radical y extirpación de los ganglios linfáticos pélvicos. Se extirpa el útero, los tejidos próximos, la parte superior de la vagina y los ganglios linfáticos de la pelvis. Después de esta cirugía, la mujer no puede quedar embarazada.
- Extirpación pélvica. Además de todos los órganos y tejidos mencionados antes, en esta operación también se pueden extirpar la vejiga, la vagina, el recto y parte del colon. Se suele realizar cuando el cáncer reaparece después de un tratamiento inicial.
Radioterapia. La radioterapia es un tipo de tratamiento en el que emplea rayos de alta potencia (como los rayos X) para eliminar o reducir las células cancerosas. La radiación puede originarse exteriormente (radiación externa) o mediante materiales radiactivos que se colocan directamente en el tumor (radiación interna o de implante). La radioterapia puede producir efectos secundarios que suelen desaparecer después de completar el tratamiento, como alteraciones de la piel en la zona tratada, problemas para orinar, cansancio y alteraciones en la vagina que dificultan las relaciones sexuales. Puede también provocar el comienzo de una menopausia prematura.
Quimioterapia. La quimioterapia consiste en la utilización de ciertos medicamentos para matar las células cancerosas. Casi siempre esos medicamentos se administran oralmente o por vía intravenosa. La quimioterapia puede tener algunos efectos secundarios, dependiendo del tipo de medicamento, de la cantidad que se administre y de la duración del tratamiento. Los efectos secundarios pueden incluir molestias estomacales y vómitos, alteraciones del apetito, pérdida temporal del cabello, llagas en la boca o la vagina, infecciones frecuentes, cansancio, alteraciones del ciclo menstrual, menopausia e infertilidad. La mayoría de ellos, a excepción de la menopausia y la infertilidad, desaparecen después de terminado el tratamiento.
Cáncer del cuello uterino y embarazo
La mayoría de los especialistas coinciden en que si el cáncer está en una etapa muy temprana resulta seguro continuar el embarazo hasta el final. Sin embargo, se recomienda realizar la histerectomía varias semanas después del parto. En caso de que el cáncer esté en una etapa más avanzada, la mujer y su médico deben decidir si el embarazo debe continuarse. Si deciden continuar el embarazo, el bebé debe nacer por cesárea tan pronto como pueda sobrevivir fuera del vientre de su madre. En casos de cáncer más avanzado, el tratamiento inmediato es la opción más segura.
RECUERDE EL CÁNCER DE ÚTERO SE PUEDE PREVENIR Y TRATAR |