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LA OTRA CARA DE LA NATACIÓN

Existen ocasiones en las que no se repara en pensar detenidamente en los aspectos primordiales de la práctica deportiva. La salud física y mental que genera suele pasar desapercibida en aquellos entornos donde prima la clasificación, el resultado o la medalla, y lo que es más grave, en aquellos entornos en edades tempranas. Cuando hablo de entornos me refiero a los elementos más influyentes en un deportista, es decir, la entidad deportiva que facilita los medios, los compañeros, los entrenadores y un pilar fundamental, los padres. Si cualquiera de estos elementos no está a la altura de las circunstancias que requiere la adecuada educación y maduración biológica y psicoevolutiva de cualquier niño y/o adolescente, supone un riesgo para el óptimo comportamiento de éstos en cualquier ámbito de su vida.

Son casi innumerables los beneficios físicos y psicológicos que aporta la práctica deportiva, sobre todo si se realiza desde edades tempranas, y lo que es más importante, los beneficios en la formación de la persona. Por citar algunos, mejora el flujo sanguíneo, fortalece las paredes del corazón, aumenta el tamaño de las cavidades, disminuye el pulso en reposo, mejora la regulación de la tensión arterial, aumenta la capacidad pulmonar, ensancha la caja torácica, mejora el metabolismo de las grasas, aumenta el colesterol “bueno” y desciende “el malo”, fortalece los músculos y ligamentos, mejora la capacidad funcional para cualquier actividad cotidiana, tiene efectos sobre la longevidad, regula los estados de ansiedad y depresión, incide en una mejora del rendimiento académico, mejora las funciones del sistema nervioso en general y un largo etcétera. También hay que aclarar que la natación no es la panacea, no lo cura todo en el ámbito de la salud. Es un complemento buenísimo, pero además hay que tener en cuenta muchas cosas más: buena alimentación, posturas adecuadas para mantener la espalda correcta, hábitos saludables... con la natación solamente no basta. Siempre se ha tenido la creencia, falsa dicho sea de paso, que sólo con la natación se corrigen las desviaciones de la espalda. Los médicos nunca dijeron eso. La natación es un complemento ideal, no para corregir las desviaciones de columna, sino para evitar y prevenir que aumenten y lleguen a ser desviaciones llamadas estructurales. No obstante, la mayoría de los deportes ayuda a esto, ya que fortalecen los músculos posturales (glúteos, parte posterior de la pierna, lumbares) y los paravertebrales, pero además la natación no conlleva estrés articular, por eso es más recomendada.

Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, sí, pero a qué precio, podríamos añadir. Son los que pagan las cuotas mensuales y los que llevan y traen a los niños. Chapó por ellos. Lo que es evidente es que lo mejor siempre va a ser una buena salud para el resto de la vida y reducir al máximo los posibles riesgos de padecer enfermedades en la edad adulta. La práctica deportiva puede incluso permitir más años de vida, y lo que es mejor, vivirlos con una mayor calidad, algo que no tiene precio en una actualidad repleta de obesidades y cardiopatías.

A todo hay que darle su debida importancia. El deporte en cuestión que nos ocupa es la natación, una disciplina con una enorme aceptación social en nuestro país por su carácter saludable, lo que a su vez ha supuesto un enorme filón que no han dejado escapar empresas comerciales y administraciones públicas. Son muchísimos más los practicantes de natación en España con una intención utilitaria que competitiva, y tengamos en cuenta que la natación española no ocupa puestos muy buenos en el panorama competitivo internacional. Pero es que si descendemos el ámbito geográfico, nuestra comunidad andaluza, con todos sus más de 7,5 millones de habitantes y sus algo más de 70 clubes federados no termina de ser excesivamente importante en el país. Y luego, nuestro Jaén, que tendrá sus alternancias de buenos y malos años como siempre y como muchos otros clubes de Andalucía, ya sean de Almería, Granada o Mairena del Aljarafe. Aunque si tenemos que destacarnos en nuestra comunidad autónoma, aparte de por ser un buen club de competición, es por ser el único club con tres secciones deportivas que ofrece una amplia gama de oferta deportiva a los jóvenes jiennenses; por ser un club comprometido con las acciones sociales (24 horas de natación), por ser un club referente en la difusión de salud a través de “La primera carta de salud española”, y por ser un club que ha visto crecer a generaciones y generaciones de nadadores que hoy en día son AMIGOS.

Lamentablemente, y digo bien, la otra cara de la natación es la saludable y utilitaria, y lo lamentable es eso, que es la otra, la olvidada, la secundaria. Porque aparece eclipsada por la cara competitiva donde la felicidad la aporta el número de medallas y no el número de pulsaciones en reposo como índice de estabilidad del corazón o el número de ventilaciones por minuto como referencia firme de capacidad pulmonar. La marca que reflejan los números de los manoseados cronómetros, debería ser al menos, igual de importante que los números de los valores normales de hematocrito, glóbulos blancos, hierro, ácido úrico, sodio, potasio, calcio, cpk, amilasa... que resaltan los resultados de los análisis de sangre ¿Por qué algunos padres se compran un cronómetro para exhibirlo en las competiciones si ya la mayoría exigen cronómetros automáticos, o si no, ya de eso se encarga el entrenador? Sinceramente, nunca lo he entendido. ¿Por qué no se compran un pulsómetro, y en vez de controlar los tiempos, controlan el pulso en reposo de sus hijos? ¿No está de moda? ¿Acaso la salud es una moda más?....... Pero es que además, los resultados tienen que obtenerse rápido, de forma inmediata, cosa que es fisiológicamente imposible. El entrenamiento deportivo está sujeto a una serie de principios que marcan las progresivas adaptaciones del cuerpo a las cargas de entrenamiento. Y esto requiere mucho tiempo, no se pueden acelerar estos procesos por querer obtener buenos resultados. ¿Por qué algunos padres quieres ser entrenadores o imitan que quieren serlo? El ser entrenador es una profesión como otra cualquiera, sin embargo es la más soñada y demandada por la sociedad, ¿por qué no le da a ninguno por imitar a ser cartero o funcionario? El entrenamiento deportivo es algo muy serio. Se tiene entre manos a personas, seres vivos, que pueden ver perjudicada su salud si no se les cuida con la necesario precaución. Y eso es algo para lo que se requiere estudio y experiencia, no sólo comentarios y apreciaciones sobre qué es lo que le parece a uno adecuado.

El problema se agrava porque todo este comportamiento genera un efecto mimético en los niños, es decir, los menores tienden a copiar lo que hacen los mayores, entre otras cosas por su afán de querer parecerse a los adultos. Lo que se le inculca por tanto es ansiedad ante el resultado, valores de venganza hacia los rivales, asociar al resto de competidores como enemigos a batir y no como compañeros que le ayudan a mejorar sus cualidades, no conseguir una marca como sinónimo de fracaso..... ¿Están los niños pequeños preparados para asumir el fracaso? No. De todas formas, no existe ningún fracaso. El hecho de acudir a entrenar todos los días, querer superarse, aprender, hacer amigos, mejorar la capacidad pulmonar y cardiaca y conseguir todos los beneficios saludables antes comentados, jamás puede ser catalogado de fracaso por muchas marcas que no se bajen, o por muchas mínimas o medallas que no se consigan. ¿Ustedes creen que es necesario establecer un ranking nacional o andaluz en edades de 8 a 13 años? En estas edades lo más adecuado es que los pequeños se diviertan practicando natación, que experimenten nuevas sensaciones en el agua con otros compañeros, que vivan alejados de las presiones de las marcas y las medallas, y lo que es más importante, que se habitúen para el resto de su vida a llevar a cabo una práctica deportiva saludable y que eso en el futuro se convierta en un estilo de vida invadido por la actividad y el bienestar físico y mental. Hoy en día, la televisión y los videojuegos que tanto propician el sedentarismo se han adelantado a la práctica deportiva, y es desde esas edades donde radica el asunto. Hay beneficios y momentos de felicidad que se pueden vivir a corto y a largo plazo. Una medalla se disfruta a corto plazo, es un momento de alegría inmensa, pero dura poco más que los minutos o días siguientes. Una buena calidad de vida y un estilo de vida saludable se puede disfrutar a largo plazo, durante muchos años. Las medallas pueden terminar guardadas en cualquier caja de zapatos en un futuro y prácticamente ser olvidadas; la salud y los amigos que se obtienen con la práctica deportiva pueden durar siempre. 

Siempre el enfoque saludable del deporte debería primar al competitivo. No obstante, el que no ocurra así es un producto más del modelo de sociedad imperante, donde gran parte de la jerarquía la establece el resultado y el quedar por encima de los demás. Sin duda alguna el deporte es un espectáculo de masas que permanece totalmente exagerado en los medios de comunicación, especialmente la televisión. Por desgracia éste ámbito deportivo influye y daña al deporte de formación, y lo ideal sería lo contrario, que el deporte de base influyera en el deporte espectáculo. Verán, me explico. Sirvan de ejemplo las retransmisiones de los Juegos Olímpicos. Lo único que importa en esos días de celebración deportiva es el número de medallas que obtiene el país, ¡pero lo más grave es que incluso se dan por ganadas antes de participar! ¿Tendrán idea de lo costoso que es ganar una medalla olímpica? ¿Tendrán idea de lo que es el proceso de años de entrenamiento y las adaptaciones y transformaciones que debe sufrir el organismo para llegar a obtener marcas que permitan acudir a este evento? Evidentemente no. “En atletismo está previsto que en la jornada de hoy se obtengan 4 medallas, porque participan en la final de 400 metros lisos tal deportista, y en las finales de 1.500 metros.....” Luego en vez de 4, se obtiene una medalla de bronce y tres quintos puestos. Valoración final: “Fracaso del atletismo español”. Quizás, ese deportista que ha quedado quinto en unos Juegos Olímpicos se siente enormemente satisfecho, entre otras cosas por simplemente haber participado en la competición más importante del mundo, sin embargo la sensación general, es de fracaso. Así se tiran por la borda muchos años de trabajo, sacrificio y esfuerzo para llegar a una competición de tal rango. Sólo interesa ser campeón o llegar a podium, si no, no se ha conseguido nada. Demasiado injusto, ¿verdad?.
Bien pues todo esta obsesión irracional por la medalla repercute de manera directa en el deporte de formación y tiene un efecto devastador. Entonces se generan comportamientos en los niños de agresividad ante el resto de competidores, todo vale con tal de ganarles, valoran su esfuerzo y dedicación en función del número de medallas o del tiempo obtenido, y lo que es peor, los padres también. De ahí que lo ideal sería que la cordura que suele representar el deporte de formación, entrara por algún resquicio del deporte espectáculo. Además, lo que muchas veces se ignora de éste, es que no es descartable que muchos de los campeones más famosos, que evidentemente lo son por sus méritos, también lo sean por exigencias de su firma publicitaria, es decir, porque se debe dar una buena promoción al último modelo de zapatillas de una marca mundialmente conocida, que tienen que destacar sobre las demás en la final de los 200 metros lisos, una de las más vistas por la audiencia, y así aumentar las ventas de la empresa.

Hace poco, escuchando la radio sintonicé con un programa deportivo en el que se le estaba haciendo una entrevista al secretario de Estado para el Deporte y presidente del Consejo Superior de Deportes, Jaime Lissavetzky. Estaban haciendo un balance del año 2005, donde destacaban las principales y tajantes medidas que se han puesto en marcha desde el punto de vista de la legislación, para paliar el dopaje en el país. España ha sido reconocida este año por las principales estructuras deportivas europeas, como el país que más ha evolucionado con respecto al dopaje. Bien, pues ya casi al final de la entrevista, uno de los periodistas le dijo, no de forma textual, a Lissavetzky: “Mi hijo practica natación, pero creo que lo voy a cambiar de deporte porque hace mucho que la natación española no tiene resultados importantes”. Supongo que el periodista no estaba siendo consciente del daño de esa frase, no sólo a los técnicos españoles de natación, sino también al deporte de formación. Estaba asociando descaradamente la práctica deportiva con conseguir resultados y medallas, y estaba diciéndole a todos los padres que le escuchaban: “Si quieren que sus hijos tengan resultados y éxito, que hagan otro deporte en el que España gane más medallas que la natación”. Insisto en que no creo que tuviese esa intención, pero el daño estaba hecho.

Muchos jóvenes tienen asociado el verbo ganar con el éxito y la aprobación social por parte de su entorno (entidad deportiva, compañeros, entrenadores y padres). Ahí es donde el entorno debe reaccionar y darle la justa importancia al verbo ganar. Porque esa asociación es algo natural en los niños, pero también detectable y modificable por parte de su entorno. Por eso, y sobre todo desde la entidad deportiva y los entrenadores, se deben destacar a todos los jóvenes por igual, ganen o no ganen medallas. Es muy perjudicial destacar mucho a los vencedores y poco o nada a los anónimos. Todos realizan el mismo esfuerzo dentro de sus posibilidades, todos cometen los mismos errores, todos son miembros de una misma entidad, todos representan lo mismo y todo tienen el mismo derecho a ser destacados por su trabajo y dedicación.

Recuerdo con enorme alegría una vez que leí parte de la memoria de fin de temporada el primer año que entrenaba con Paco Amaro. En las memorias del club, realizadas por los dos principales entrenadores de por entonces, Juan Toledano y Amaro, se hacía una evaluación general de todos los nadadores, no por orden de número de podiums o medallas, sino simplemente por orden alfabético. Todos merecíamos la misma consideración de partida y a todos se nos evaluaba por igual. Lo mejor era el contenido de esa valoración del año. Primero se hacía una referencia al comportamiento general de los nadadores, cómo aceptaban los entrenamientos, las asistencias, cómo reaccionaban ante los entrenamientos especialmente duros, el grado de madurez que observaba el entrenador desde el punto de vista físico y mental, la capacidad de aprendizaje y sacrificio, el compañerismo que demostraba, etcétera. Valores, en definitiva, valores. Incluso recuerdo que se daban explicaciones del desarrollo evolutivo y fases sensibles por las que atravesaba el nadador en cuestión, y que eso podía ser motivo de su falta de rendimiento. Un nadador que atraviesa un especial proceso de crecimiento en los miembros, puede afectar de forma importante en su coordinación a la hora de nadar y/o de practicar ciertos estilos y empeorar su rendimiento. Hoy siento la tranquilidad de que estos dos entrenadores me educaron deportivamente y contribuyeron en mi educación de forma muy adecuada. Y segundo se exponían las participaciones en campeonatos y resultados, tanto si era un nadador que había sido campeón de Andalucía y había acudido a los Campeonatos de España, como si sólo había participado en los trofeos FAN, el trofeo del club, los Juegos Deportivos Municipales y algún trofeo en Ciudad Real, Algeciras o Granada. Se primaba, por tanto, lo que muy acertadamente resume la principal idea de nuestro club, la formación integral de la persona. Incluso recuerdo que casi la totalidad de los artículos y comentarios que se hacían en este boletín, eran realizados por los mismos nadadores que nos divertíamos escribiendo sobre nuestras experiencias en las competiciones y siempre intentábamos darle a todos los artículos su nota de humor. Los nadadores éramos los protagonistas. Siempre he leído con frecuencia el boletín “Nadando” y he observado una evolución en su contenido. Se pasó a una serie de escritos donde casi quedaron abandonadas las cuestiones deportivas y lo primero eran asuntos más bien políticos y partidarios, y hoy la mayoría de los escritos reflejan resultados, podiums y pocas vivencias. Evidentemente, el Club Natación Jaén es un club de competición y necesita afianzar su existencia con resultados, pero todo con debida moderación y que éstos no arrasen con todo el trabajo y esfuerzo de nadadores y su entorno.

Nunca he entendido que niños o jóvenes sean cambiados de club, apartándolos así de parte de su grupo de amistades, por exigencia de padres que no soportan la  falta de resultados o malentendidos con los entrenadores. Nunca he entendido que se pueda salir y entrar en la piscina con paso firme y altivo por ganarle una medalla o un puesto al que un padre considera un rival para su hijo. La salud, las amistades, la natación, el deporte, es mucho más que todo eso.

 

Miguel Ángel Beas Martínez. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF).

 
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