| La otitis
externa y la natación
Manuel Mesa (Enfermero de Cuidados Paliativos
Hospital Universitario Médico-Quirúrgico
de Jaén)
Como todos sabemos, la práctica de cualquier
actividad deportiva es beneficiosa para nuestra
salud física y mental, pero, ocasionalmente,
también puede generar determinados riesgos
sobre nuestro organismo. Conocer estos problemas
asociados a una determinada especialidad deportiva
es fundamental para poder prevenirlos o, al menos,
minimizar su impacto sobre nuestra salud. En este
trabajo, nos centraremos en uno de los problemas
más frecuentes relacionados con la natación:
la otitis externa.
ANATOMÍA DEL OÍDO HUMANO
Desde el punto de vista anatómico, el
oído humano se divide en tres compartimentos:
el oído externo, el oído medio y
el oído interno, sede del órgano
auditivo y del órgano del equilibrio. A
su vez, el oído externo está formado
por el pabellón del oído y por el
conducto auditivo externo, siendo su límite
interior la membrana del tímpano.
El conducto auditivo externo está sujeto
a grandes variaciones individuales en lo que se
refiere a longitud, calibre y trayecto. Está
revestido por una prolongación de la piel
y en su porción externa se encuentran numerosos
y robustos pelos, con grandes glándulas
sebáceas que segregan una parte del cerumen.
Este juega un importante papel en la protección
del conducto auditivo externo, debido a su constitución
lipídica o grasa, que se opone a la penetración
de los microorganismos, y a su “ph ácido”,
otra importante medida protectora.
¿QUÉ ES LA OTITIS EXTERNA?
En cualquiera de los compartimentos del oído
estudiados anteriormente, puede producirse una
variada patología infecciosa o inflamatoria,
siendo la otitis externa la patología propia
del oído externo. En general, se trata
de una enfermedad poco frecuente en el niño
pequeño y menos aún en el lactante.
En cambio, es la otitis preferente del adolescente,
en especial en los adolescentes deportistas que
practican la natación. Por eso, se ha dado
en llamar también la “otitis de las
piscinas”.
En la producción de la otitis externa,
probablemente intervenga la alteración
del cerumen, pues se ha comprobado que cuando
la enfermedad está en curso hay una significativa
ausencia de cerumen, con la consiguiente anulación
de su efecto protector visto más arriba.
Se discute si esta ausencia está motivada
por la acción del agua de la piscina, que
lo diluye y altera, o si es a consecuencia de
la propia infección, que inhibe la producción.
¿QUÉ CAUSA LA OTITIS EXTERNA?
La etiología de la otitis externa puede
ser vírica ó bacteriana. Las de
origen viral son menos propias de los nadadores
y suelen acompañarse de cuadros agudos
de vías respiratorias altas. Entre las
bacterianas, la principal en el caso que nos ocupa
es la infección producida por “Pseudomona
Auriginosa”. Este microorganismo es un germen
saprofito en el género humano, pero que
también vive en los aledaños de
las piscinas.
Una vez instaurada, la otitis externa cursa
con dolor local, siendo la otoscopia muy demostrativa,
pues se ve claramente la pared del conducto auditivo
externo y el tímpano inflamados y exudativos.
Es muy característico el exudado “maloliente”
en la infección por Pseudomonas. Se puede
hacer cultivo del exudado y nos dará la
evidencia del germen. (Otros microorganismos bacterianos
responsables de otitis externas son los Estreptococos
y Neumococos, aunque estos penetran a través
de vía linfática y provienen de
amígdalas y vegetaciones, donde suelen
habitar como gérmenes oportunistas).
TRATAMIENTO
Como en cualquier otra infección de origen
bacteriano, el tratamiento de elección
será con antibióticos, pero es muy
importante recordar que no deben tomarse nunca
antibióticos sin prescripción médica.
Si no hay afectación del estado general
(fiebre, vómitos…) el tratamiento
será a base de antibióticos en forma
de gotas otológicas (siendo esta la única
otitis en que esta medicación es eficaz,
ya que la lesión está en el exterior)
combinado con algún antiinflamatorio.
PREVENCIÓN
En la etiología de las otitis externas,
juegan un papel muy importante los traumatismos
y microtraumatismos que los nadadores se provocan
al aplicarse los tapones para que no les entre
agua, o los bastoncillos de aplicarse medicación
o sacarse cerumen. De forma inadvertida, se producen
microlesiones que posteriormente se infectan.
Por todo ello, la primera medida preventiva será
evitar este tipo de heridas.
Cuando la aparición de otitis externas
es reiterativa, puede ser una buena medida profiláctica
poner por delante del tapón una gasita
empapada de Menaderm Otológico (antibiótico-antihongos
y antiinflamatorio cortisónico), siempre
bajo la recomendación del especialista
en O.R.L.
Evitar que se quede agua estancada en el oído
también es una medida preventiva importante.
Algunos nadadores utilizan una mezcla de “alcohol
de 90 º” (75%) y “acetato de
etilo” (25%) de la cual se instilan dos
gotas en cada oído después de nadar.
Esto ayuda a la evaporación, aunque también
tiene sus riesgos resecar en exceso la mucosa.
(En aquellos casos en que se haya identificado
al Neumococo como responsable de la otitis, se
puede recurrir a la aplicación de la vacuna
antineumocócica, aunque estos casos están
muy poco relacionados con la otitis de las piscinas).
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