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Determinando tu capacidad de hacer frente a la fatiga
Fernando Tejero Vivó.

Cuando tus músculos entran en deuda de oxígeno o se aproximan a los límites de su capacidad, empiezas a experimentar sensaciones que has aprendido a considerar como penosas o de sufrimiento. En parte por su similitud a las sensaciones de encontarte enfermo, has aprendido que son malas y que deben evitarse. Por otra parte, tú sabes que son el precio que debes pagar cuando te esfuerzas para alcanzar tus metas. Tú te impulsas en dos direcciones, hacia aumentar o mantener el esfuerzo para alcanzar tus metas y hacia volver a una zona cómoda. Unas veces escoges la primera, otras la segunda, lo que eliges depende de tu motivación y de tu capacidad para sufrir.

Muchas veces, cuando tu vas más lento o lo dejas es po la sensación de que no podrás seguir, o de que si siguieras no podrías resistir. Si piensas que la fatiga llegará a ser una sensación terrible y que no podrás soportar la experiencia es lógico que aflojes. A veces, aflojar como respuesta al cansancio se convierte en un hábito y disminuye el esfuerzo porque dudas de tu capacidad para continuar soportandolo, porque crees que llegará a ser una sensación insoportable. Quizá cuando nades un 1500, después de los primeros 300, notes que estás cansado. Ese cansancio incide sobre tu capacidad para continuar la prueba o la utilidad de continuar esforzándote ya que juzgas que los signos de fatiga tan pronto en la prueba no te permitirán hacer buena marca. Como respuesta de aflojar cuando estás cansado nunca alcanzas tu límite real.

El miedo a la fatiga es el miedo más grande de todos. Si tienes miedo a cansarte nunca eres realmente efectivo.

Normalmente, la fatiga musclar es un factor determinante de tu capacidad para mantener la presión. Pero, raramente, disminuyes el ritmo de la prueba como consecuencia, puramente, de los efectos fisiológicos de la fatiga. Antes de agotar tus recursos fisiológios pierdes tus recursos psicológicos. Tu no necesitas aflojar antes de agotar tus fuerzas por pensar que no serás capaz de soportar la fatiga. Piensa en el presente, en esa serie, en ese largo.

La fatiga no es un signo que automáticamente haga que vayas más lento o disminuyas el esfuerzo, vas más lento por el hábito basado en la creencia de que cansarte te va a producir dolor y de que tienes, por consecuencia, que ir irremediablemente más lento.

Hay que establecer razones contrarias como "si estoy cansado, no es razón para ir más lento" y darse instrucciones como "puedo con ello" o "tira más fuerte" de forma que la fatiga deje de ser un síntoma para ir más despacio.

Aflojar la presión es un hábito fácilmente adquirido en nuestra cultura, pero tu puedes aprender a usar la fatiga como signo de empezar a aumentar tu esfuerzo. Con la práctica, los hábitos pueden olvidarse y establecer el aumentar el ritmo y concentrarse en el esfuerzo a los primeros signos de cansancio.

Naturalmente, tu capacidad para mantener o aumentar la velocidad o la intensidad vendrá determinada por el trabajo que previamente hayas hecho (o dejado de hacer). Mientras tus marcas inmediatas y tu preocupación mediante el entrenamiento son afectados por tu habilidad para manejar la fatiga, la buena preparación psicológica no puede sustituir al entrenamiento físico. Tudebes hacer el trabajo. Es más importante hacer las cosas bien que simplemente hacerlas.

 
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