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La influencia de los padres
en la natación
Santiago M. Domínguez Sánchez.
No deja de ser extraño, si no es quizá
por su cotidianidad, lo poco que se ha escrito
en el contexto de la psicología del deporte,
sobre la importante influencia de los padres en
la vida del deportista en general, y del nadador
en particular. Esta breve aproximación
no pretende ser en absoluto una tesina sobre el
tema, sino más bien, unas reflexiones en
voz alta, sobre las peculiares actitudes y comportamientos,
de los padres, sus oscilaciones conductales, en
el devenir de la propia carrera deportiva de sus
hijos.
El objetivo ideal
Todos los autores coinciden en que el deporte
es por excelencia el elemento que mayormente contribuye
a completar el proceso de formación integral
del individuo como persona. La natación,
como uno de los deportes más completos,
que duda cabe que reúne todos los requisitos
para ello, sin embrago, y pese a que curiosamente,
la gran mayoría de padres (en especial
de los nadadores de corta edad) incluyen tal objetivo,
de una forma tácita, más o menos
conscientes, cuando llevan por primera vez a su
hijo a la piscina o a un club de natación
es evidente, que se precisa de muy corto espacio
de tiempo para constatar que tal objetivo es,
en el más estricto sentido etimológico
del término, un ideal y poco práctico
y realista.
La duda se nos plantea al cuestionar: ¿si
la natación, como deporte, no contribuye
a esa formación integral del nadador, su
acción es inocua...? o ¿se convierte
y trastoca esa acción (de) formadora al
fin y al cabo...? Sin lugar a dudas, podemos afirmar
que no existen en este caso comportamientos inocuos
sino contribuyen a "formar", significa
claramente que están deformando, en mayor
o menor grado y por consiguiente, con graves o
leves consecuencias.
Estamos planteando pues, con esta premisa, que
el rol de los padres en el desarrollo deportivo
del nadador, en especial en los primeros años,
al igual que sucede en el ámbito familiar,
escolar, etc., es de una transcendencia importante
y significativa y que, el no ser conscientes de
ello, estriba uno de los primeros puntos de partida
endebles y posibilitadores de la acción
deformadora a la que antes nos referíamos.
No debemos olvidar, dentro del contexto del proceso
de maduración del individuo, cual es la
socialización, que los niños, en
estas edades tempranas, actúan en un alto
porcentaje de ocasiones con el reflejo del "mimetismo"
(los padres son sus modelos de pautas conductales:
ademanes, expresiones, tanto corporales como verbales,
etc.) y cuando aún, a medida que vaya creciendo,
van autodefiniéndose y estableciendo sus
propios criterios, el posible beneficio y/o perjuicio
ya está hecho, no podemos borrar y dejar
en tábula rasa al niño, de las influencias
de esos cruciales años.
Formaciones y deformaciones en la natación
Una forma de corroborar, sin demasiado esfuerzo,
las carencias de formación de las que nos
estamos refiriendo, es simplemente observar las
situaciones secuenciales de un día normal
de entrenamiento, el desarrollo de una competición,
o incluso, la convivencia de un fin de semana
con motivo de un desplazamiento para asistir a
una competición (con la correspondiente
ausencia física de sus progenitores) de
cualquier nadador.
Veamos uno de los aspectos con más carga
formativa en este deporte, que duda cabe, la disciplina,
desprendamos de este término toda carga
coercitiva, de imposición, y contemplémosla,
de nuevo, en su valor estrictamente etimológico:
"enseñanza o educación del
individuo...". Así pues, el entrenamiento
de su nadador implica, entre otros muchísimos
aspectos: "saber escuchar...", "ejercicio
constante de atención...", "ejercicio
de autorregulación...", "autocontrol...",
"valoración del interés...",
"motivación...", "aprendizaje
en la recepción y ejecución de instrucciones..."
y de todo ello, se desprenden valores como: confianza
en sí mismo, respeto hacia los demás,
organización del tiempo y un largo etcétera,
y por supuesto, la convicción de que, contrariamente
a lo que se cree, el buen nadador, me refiero
al nadador completo (deportista-persona) suele
ser generalmente un mejor estudiante.
Sin embargo, existe una reiterada y extendida
actitud de los padres, de confundir el componente
lúdico del deporte, con la laxitud en la
acción educadora-formativa constante del
niño:
- Reiteradas faltas de puntualidad.
- Omisión de material imprescindible
para el entreno.
- Desinterés en lo que hace su hijo en
esas horas.
- Síndrome de guardería.
- Achacar el fracaso escolar al tiempo "perdido"
en natación.
- Extrapolarización de los intereses
(padres a hijos).
- En suma, falta de motivación, reflejo
del desinterés familiar.
Si realizamos una síntesis de las actitudes
de los padres de nadadores, desde la experiencia
de más de una década en labores
directivas de un club de natación, podemos
establecer, con muy pocas variaciones, unas pautas
secuenciales de comportamiento de los mismos,
desde que llevan por primera vez al niño
a nadar, hasta que, el propio actor, el nadador,
decide retirarse:
- Tras un periodo de cursillos, el niño
que pasa a formar parte del club de natación
y, por tanto, inicia la dinámica de entrenamiento,
competiciones, etc., plantea en los padres casi
siempre, una actitud idealista, reservada y
hasta podríamos decir cauta: "aunque
el monitor nos ha dicho que el niño posee
unas excelentes cualidades para la natación,
lo que queremos es que haga un deporte...".
"En realidad o pasamos al club para obligarle
a que nade cada día porque el médico
nos ha recomendado la natación para su
espalda...". Esas actitudes -idealistas-
son en realidad el embrión de expectativas.
Expectativas que no suelen aflorar en esta fase
del nadador porque son reprimidas y moderadas
por razones pragmáticas, tales como:
a)Desconocimiento (salvo en aquellos padres
que tengan hijos mayores que hayan sido nadadores
y aún así también entran
en ello), de la posibilidad real del niño
en el contexto del club o, a nivel territorial.
b) Recelo a que esta actividad deportiva del
niño, trastoque y altere, de forma significativa,
la organización familiar preestablecida.
- Una vez superada esta fase de incertidumbre,
las dos razones aducidas anteriormente, tienden
a ser sustituidas en función de unas
expectativas más aquilatadas con la realidad
(perspectiva subjetiva de los padres) del nadador
en su proyección como nadador-competitivo
(que no como nadador-persona).
Padres nadadores
No, no es un error de escritura, en el título
no se ha omitido la preposición "de"
y tampoco vamos a referirnos a los masters, en
el hilo de las expectativas que apuntábamos
antes, vamos a hablar de la tipología de
padres de nadadores, que por su incidencia tan
directa, llegan en muchos momentos, a casi sustituir
a sus propios hijos en la natación.
Aunque sea de una forma simplista, todas las
clasificaciones tienen inherentemente una base
crítica relativamente subjetiva, he establecido,
acogiéndome a los dos polos opuestos, dos
tipos de padres-nadadores: Por defecto y por exceso
a) Padres por defecto
Por regla general, y sin que ello sea una crítica
negativa a ultranza, el egoísmo personal
de los padres, resulta un factor determinante
en la proyección y desarrollo natatorio
del niño. Su oposición a modificar
sus hábitos, tanto cotidianos, como de
fin de semana, provocan que el niño se
encuentre con más dificultades de las comprensibles,
para practicar el deporte elegido. Puede ser incluso
que determinados hábitos sean obligaciones
reales de los padres, sin embargo, el desinterés
en hacérselo ver al niño y la falta
de alternativas dificultan el desarrollo normal
de su deporte.
En otros casos, no existe dificultad alguna en
el factor organiños-, especialmente
en esas edades tempranas, perciben y precisan
de algo vital en su entorno: la confirmación
de que lo que hacen complace a sus padres, no
sólo no se produce esta confirmación,
sino más bien al contrario, el niño
recibe como únicos mensajes, que para sus
padres es una obligación, por no emplear
otra expresión, el tener que llevarles
cada día a natación.
En ambos casos, con o sin dificultades organizativas
de tipo familiar, de nuevo las expectativas a
las que antes nos referíamos decantan en
un sentido u otro la respuesta de los padres.
Resulta muy poco frecuente constatar inhibición,
desinterés o planteamiento de trabas en
padres cuyos hijos destacan en natación,
aunque sea a nivel local (incluso ganando una
competición muy localizada en el ámbito
del club). Los padres por defecto, lo suelen ser
de hijos nadadores, que coyunturalmente o por
razones obvias de limitación o carencia
de aptitudes no destacan en este deporte.
Ello nos debe llevar a entender conductas como:
desconexión voluntaria de la actividad
de los padres con el entorno de la natación
que rodea a su hijo; omisiones por parte del propio
niño de material imprescindible: bañador,
gorro, zapatillas, incluso toalla, etc.; reiteradas
faltas de puntualidad en entrenamiento y competiciones;
abandono de la piscina una vez nadada su prueba
y no presenciar la de los demás, incluso
la de sus mejores amigos; en el mejor de los casos,
esfuerzos tremendos del nadador por conseguir
llegar a tiempo y/o permanecer, en contra de la
voluntad de los padres en la competición;
síndrome de guardería: mensaje no
expreso pero diáfano para el niño,
lo dejan en la piscina para que esté "guardado"
y sobre todo "controlado" y de paso,
haga un deporte.
b) Padres por exceso
Ganar una primera prueba un hijo produce en los
padres toda clase de sentimientos: euforia, orgullo,
satisfacción, todos ellos positivos sin
lugar a dudas. ¿Dónde estriba pues
el problema? Si pudiésemos realizar un
estudio de campo, con metodología de encuesta-cuestionario
sobre estos padres describiendo tales sentimientos
y lo cotejásemos con las respuestas de
esos mismos padres en una situación de
hipnosis, o ausencia de control ¿Se imaginan
el resultado? ¿Cuántos padres admitirían
haber nadado ellos la prueba y no su hijo? ¿Cuántos
de esos padres resaltarían los valores,
el esfuerzo, los sacrificios del hijo? En resumen,
esa primera prueba, competición o campeonato
ganado despierta en determinados padres un acceso,
una vía, una autopista incluso, para proyectar
sus propias y personales expectativas con la justificación
de que los padres sólo buscamos lo mejor
para nuestros hijos.
Y así os encontramos con los variopintos
prototipos, en función de la citada personalidad
de los padres que pretenden "revivir"
en los éxitos de sus hijos, sus propios
éxitos y/o fracasos, como el caso de los
triunfalistas, mal llamados perfeccionistas, que
lejos de contemplar la natación como excelente
medio de conseguir la tan archiutilizada formación
integral de su hijo como persona, le adjudican
un valor finalista: el objetivo final es llegar
a lo más alto, no importa el qué
ni el cómo. O como el caso de los frustrados,
que aprovechan de una forma clara su mensaje sobre
el niño: " tu puedes ser lo que tu
padre no pudo ser por no tener los medios que
tu tienes", "no tienes excusa de no
triunfar cuando estamos todos (padre y madre)
sacrificándonos por ti".
E igualmente nos damos cuenta que, con o sin
el consentimiento del propio nadador, los padres
asumen la propia dirección de la carrera
del nadador y por supuesto en esta gestión
no se incluyen valores "pocos significativos"
como acatamiento de las normas, compañerismo,
solidaridad con el club, etc., porque no tienen
nada que ver con el éxito a alcanzar por
el nadador, o también nos encontramos con
insistencia machacante de mensajes de fracaso
y desmotivación en rachas de bajo rendimiento
o simplemente por su desconocimiento en pretender
buenos registros en fases de entrenamiento intensivo.
Conclusión
No me gustaría cerrar estos pensamientos
en voz alta, dejando en vosotros, los que estoicamente
habéis llegado hasta aquí, la sensación
de que la gran mayoría de padres se encuadran
en estos estereotipos citados. Que debe haber
padres, que con sentido común, valoran
el esfuerzo y el trabajo de sus hijos con el mínimo
de proyección personal, que contemplan
el desarrollo armonioso de sus hijos mediante
el bello y completo (aunque insistan en decir,
aburrido) deporte de la natación. No obstante,
acude a mi memoria una anécdota que oí
que contaba un afamado técnico de natación
a la pregunta que le formulaba un periodista sobre
el equipo ideal que le gustaría entrenar,
supongo yo que se referiría el articulista
a nombres concretos de destacados nadadores, contestó:
"mi mayor ilusión sería entrenar
un equipo de nadadores huérfanos".
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